LA FOTOGRAFÍA COMO TERAPIA
Una vez sumido en la más profunda depresión, redescubro una de mis aficiónes un poco abandonadas: la fotografía. Una afición que tuve que dejar aparcada por mi trabajo y otras prioridades que ese momento tenia. Decidimos entonces (digo en plural porque fue decisión también de mi querida mujer) buscar una academia para iniciar unos estudios en fotografía y así también mantener la mente ocupada y que no pensase siempre en la misma mierda. Ahí es cuando descubro la escuela de fotografía Blackkamera, a Josu Zaldivar (director) y a David Hornback. Dos persona que te hacen vivir la fotografía con la pasión que ellos lo hacen. Ha sido maravilloso conocerlos. He aprendido mucho de profesores y compañeros, y aún lo sigo haciendo.
Descubro que mientras estoy en el proceso de tomar una foto, el nivel de concentración es tal, que la mente se libera de todo lastre (que en esos momentos es grande y pesado) y eso me resulta muy placentero. Otro de los motivos del placer de la fotografía es la capacidad de inmortalizar momentos. Ahora no les damos importancia, pero dentro de unos años esas imágenes tendrán para mi un valor incalculable. GRACIAS JOSU ZALDIVAR y DAVID HORNBACK. Hoy en día sigo estudiando, conociendo nuevos profesores y nuevos compañeros. Aprendiendo de todos ellos y viviendo un sueño: dedicarme a lo que realmente me llena que es la fotografía.
Empezamos con el nuevo tratamiento de inmunoterapia en Salamanca con cierto escepticismo pero con la esperanza de que esta vez la enfermedad nos de una pequeña tregua. Comenzamos en verano con el primer ciclo en fase ascendente de un nuevo medicamento. Te sacan sangre constantemente para analizar antes, durante y después del tratamiento. La primera dosis fue bastante bien, excepto por un fuerte dolor de cabeza que tuve desde el primer minuto de infusión del medicamento. No se quitaba con ningúna medicación y era bastante fuerte. Ahí comenzó el primer contratiempo.
En la segunda dosis de la fase ascendente le comento a la hematologa el fuerte dolor de cabeza que tengo y que no se me pasa con medicación. Era agosto y deciden suspender el ensayo y dejarme ingresado en el hospital de Salamanca. No me lo puedo creer. A la vez que me lo están comunicando, las lagrimas empiezan a aflorar de mis ojos. No me puede pasar todo esto a mi. Era época de rebrote de Covid y si mi mujer entra en la habitación de la planta conmigo, no puede salir hasta que nos den el alta. Y para colmo mis hijos solos en nuestro pueblo, donde pasábamos las vacaciones. Que papelón. Y lo peor, el sentimiento de culpabilídad que me invade.
Durante el ingreso toca hacer scanner de cabeza para comprobar que todo este bien y luego quedarse en observación para intentar controlar el dolor de cabeza. Las pruebas salen correctas y se controla el dolor de cabeza con una nueva medicación. A continuar por la segunda dosis del primer ciclo.
Bajamos al hospital de día a poner la medicación con la maldita bata de hospital que te entra frio por todo el cuerpo. Comenzamos la infusión...... y todo iba bien, hasta el final. Poco antes de volver a la habitación empieza a subir la fiebre y a dolerme todo el cuerpo, como si tuviera una gripe bestial. Estaba sufriendo una tormenta de citoquinas, así lo llaman. Horrible. Decidieron, para que no fuera a mayores, poner un medicamento aprobado por el ensayo para estos casos y en cuestión de una hora volvió a estar todo bajo control. Toca dormir lo que se pueda y mañana será otro día.
Al día siguiente, con unas ganas locas de irme a casa, siguen los problemas. Una erupción cutánea que tiene que biopsiar. Que duros se hacen los días en el hospital. Sabes cuando entras pero no cuando sales. Como la erupción no parece ser grave y solo tenía alguna décima de fiebre, deciden darnos el alta dada la situación familiar que teníamos en ese momento. Es un alta con condiciones, pero por fin nos vamos para casa.

