Y continúan las pruebas. Y más pruebas. Tu vida se convierte en una rutina de visitas médicas, analíticas, pruebas de imagen y biopsias. Lo único que piensas es en lo injusta que es la vida. ¿Por qué a mi?¿Por qué no a ese o a él otro que son peores que yo? Ante el cáncer todos somos iguales.
El PET/TC es otra de las pruebas que todo paciente de cáncer ha pasado, estará pasando o habrá pasado. Mediante la utilización de materiales radioactivos, una cámara especial evalúan lasfunciones de tejidos y órganos. Una prueba no dolorosa pero muy larga y difícil psicológicamente hablando. Después de haber bebido dos litros de agua y prueba de glucosa te llevan a una habitación con una cama y una puerta que pesa dos toneladas, para seguido inyectarte el material radioactivo. Lo primero que llama la atención del paciente es la jeringa de plomo. Te entran ganas de salir corriendo. No quieres ni pensar en lo que llevará dentro. Lo segundo son las maneras de inyectarte el material radioactivo. Yo, por suerte o por desgracia, lo he vivido muchas veces y en diferentes centros y diferentes Comunidades Autónomas. Cada una tiene su protocolo. El enfermero te inyecta detrás de la puerta, a distancia dentro de la habitación, con chaleco especial,…Después empieza otro calvario. Hasta que el material radioactivo recorre todo tu cuerpo tienes que estar tumbado durante una hora mas o menos esperando. En ese primer pet/tc es difícil contener las lágrimas mientras esperas. Los pensamientos negativos te invaden y la desesperación se apodera de tí. No salgo de esta. Te tumbas en la cama, te sientas, vas a orinar, te pones de pie,…… y el tiempo parece que se haya parado. Después de una hora te pasan a una sala grande con una máquina grande y que hace más frío que en polo norte.Pensabas que lo peor había pasado. Pues no. Te quedan cerca de 40 minutos inmóvil en un tubo claustrofóbico. Difícil contener las emociones.

Cuando termina la prueba estás muy cansado, parece que te ha pasado un camión por encima. Tantas emociones te dejan sin fuerzas. “Buena suerte y que vaya todo bien”, te dicen los enfermeros. Es una frase que creo haberla escuchado antes.
Los días posteriores no mejoran. La vida continúa y los problemas diarios se amontonan en tu cabeza. El mundo no se detiene ni por tí ni por tú enfermedad y todo lo tienes en tu cabeza, sin saber como soltarlo. Llega el momento en el que te das cuenta que todo te viene muy grande y que no puedes con ello. Tienes el apoyo de familia y amigos pero no es suficiente. Yo siempre pensé que sería capaz de salir de todos los problemas sin ayuda de fármacos, psicólogos y psiquiatras pero llega un momento que te das cuenta que está sumido en la mierda más grande del mundo. Y toca recurrir a fármacos, psiquiatras y psicólogos. Paradojas de la vida.
La primera visita con psiquiatría, nada más entrar por la puerta y tomar asiento, me derrumbe. Solo lloraba. No era capaz de articula palabra.No podía con todo lo que me estaba pasando. Era superior a mi.
De pequeño hubo una persona que me dijo: “los hombres no lloran”. Pues no soy un hombre. Salí con los ojos rojos de tanto llorar. Lo recomiendo, lo de llorar. No me da vergüenza ni que me vea un extraño llorar ni de contarlo. Solo conseguí decir unas pocas palabras. Salí de la consulta de psiquiatría y me senté en un banco, con la mirada perdida.
Ya solo quedaba esperar a los resultados. Que voy a contar. Os podéis imaginar. Ese día, el de los resultados, acudes a la cita con el médico con mucho miedo. Ya te han mencionado en una primera visita la posibilidad y la necesidad de empezar con quimioterapia. Solo tienes una palabra en la cabeza: “ QUIMIOTERAPIA”. Jodida palabra. Te sientas enfrente de la doctora y bingo. Hay que empezar cuanto antes con la quimioterapia, seis sesiones de una tal R-CHOP y después dos años de mantenimiento con un anticuerpo monoclonal. Todo te suena a chino. Se habrá equivocado, seré yo ¿de verdad? ¿Pero eso es cáncer? No es posible, no puede ser. El diagnóstico: linfoma folicular estadio IV-B grado 1. Que vuelco te da la vida. Un día te levantas de la cama y todo patas arriba. Estas esperando despertar de esta pesadilla. Después del verano comenzamos con la quimioterapia, dice la hematologa. Tienes tantas preguntas y tantas dudas que no te acuerdas de preguntar ninguna al médico. No te da la cabeza para más. ¿Como vas a poder trabajar? ¿Se caerá el pelo? ¿Podrás comer?,…