Estos meses de voluntario en la AECC he conocido muchas historias impactantes con el mismo denominador común: El cáncer. Te das cuenta como de un día para otro la vida cambia radicalmente. Un día vas a escalar y sientes dolor en las piernas, acudes al médico pensando que seguramente no sera nada y a los pocos días estás en silla de ruedas por culpa de un sarcoma (tumor canceroso que puede aparecer en cualquier hueso del cuerpo). Hacés planes con tu pareja para irte dé vacaciones pero no se encuentra bien, a los veinte días fallece por culpa de una cáncer de páncreas. Y muchas más historias. Esta enfermedad es así de dura. Conclusión. Disfrutar de la vida al máximo qué aquí estamos de paso, hacer lo que uno quiere y le llena no lo qué la sociedad o la familia le imponga, no discutir por tonterías y sobre todo, intentar ser feliz. FELIZ!!!!!!
Luego está la forma de afrontar toda ésta mierda. He conocido gente muy positiva, tan positiva que me levantan a mí el ánimo en un día malo. Otros tienen muy asumido qué sus días se acaban y hablan de la muerte con una naturalidad asombrosa. Gente no tan positiva pero qué confían plenamente en los médicos. Otros, positivos también, pero qué confían más en Dios qué en los médicos. Y luego están los qué se suman en una profunda, grave y dañina depresión. Éstos últimos son los enfermos que más cuesta ayudar, porqué tampoco quieren ayuda. Son situaciones muy duras que cada uno lo llevamos como podemos y queremos. Creo que tenemos derecho a ello. Mi intención con éstas líneas no es criticar a ningún enfermo ni familiar por como llevaban la enfermedad sino hablar de los diferentes casos que me voy encontrando en estos años de enfermedad.
Hoy me toca volver a acudir a la sala de tratamientos con un paciente. Esta puta sala.... La odió. Si es verdad que la dirección del hospital la están intentando mejorar y hacer un poco más agradable. Han pintado un cielo azul en paredes y techos con ramas de hojas verdes. Pero la tristeza que se respira en ésta sala no la pueden camuflar con pintura. Lo único que pienso es en el día que me vuelva a tocar pasar por esa maldita sala y sí sere capaaz de soportarlo. Porqué la gente me dice qué soy muy valiente, pero nada más lejos de la realidad. Soy y siempre he sido un cobarde. Ahi se queda.
Después de confirmar la recaída tocaba acudir a la consulta con mí hematóloga. Acompañado siempre por mí mujer, nos sentamos en aquella consulta tantas veces visitada. Toca hablar y decidir que nuevo tratamiento vamos a suministrar. Acudes con una idea de lo qué quieres pero enseguida te lo descartan aludiendo a que no es tiempo de eso. La proposición de la hematóloga es realmente sorprendente. Propone un ensayo clínico fuera de Euskadi porqué osakidetza (el servicio vasco de salud) no te puede ofrecer nada mejor. Aquí solo te puedo ofrecer más quimioterapia, y sino funcionó la primera vez, ésta vez tampoco. Te quedas helado con dicha afirmación. Después de una larga charla los tres, decidimos ir a Salamanca. Un ensayo clínico. ¿Por qué Salamanca? Porqué es uno de los referentes en hematología. Pero hasta Salamanca.... Se hace duro. Piensas en los viajes, en los kilómetros de coche y tener qué colver a pasar por todas las pruebas. Pero todavía no es seguro. Hay que enviar la documentación para ser admitidos en el ensayo clínico.
Al cabo de unas semanas recibimos la llamada de Salamanca. Estamos admitidos en el ensayo clínico. Empezamos en julio con el nuevo tratamiento. Esperemos funcione mejor que el anterior y nos de una pequeña tregua ésta puta enfermedad.

1 comentario:
Perdón pero me pareció graciosa tu descripción de la punción de médula. 😆
Aclaro: no es risa de burla, puesto que ya he pasado dos veces por lo mismo. Pero muy bien descrito el torbellino de emociones que se viven con un diagnóstico de cáncer.
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