Hace casi tres años me tocaba esperar un mes antes de empezar mi quimioterapia. Vacaciones en mi paraíso. Pero esas vacaciones no iban a ser como otras. Tocaba comunicar a familiares y amigos que padecía un cáncer y empezaba quimioterapia en poco tiempo. Joder que mierda. Estoy llorando solo de recordar. La familia no se lo podía creer y los amigos estaban incrédulos ante la noticia. Caras serias, silencios incómodos, vista mirando a ningún sitio,… Tierra trágame.
No eres capaz de desconectar en todas las vacaciones. Solo tienes dos palabras en tu cabeza. QUIMIOTERAPIA y CÁNCER. Que horror! Piensas en los efectos secundarios, en si será efectiva, tendré buena tolerancia, como será la sala de quimioterapia, cumpliré el calendario de ciclos,…. Sigues llorando día si y día también. Siempre a escondidas para intentar evitar más sufrimiento a la familia. Muchos días con la mirada perdida pensando en nada y, en parte, con ganas de empezar con la quimioterapia. No quiero estar en el pueblo, no estoy a gusto, ni contento. Quiero empezar con el tratamiento.
Lo primero que decido hacer es raparme el pelo. No tengo ganas de ver pelos todos los días en la cama. La encargada de dicha tarea recayó en mi sobrina Leire. Que pena. Se emociono.
La noche antes de empezar la quimioterapia no dormí nada. Imposible. Que nervios. El primer ciclo, por lo menos en mi caso, te lo administran en cama. Son nueve horas de sufrimiento. Nueve putas horas en una cama poniéndote bolsas y bolsas de medicación. Por dios, parar ya de poner bolsas. Te ponen tantos líquidos que las visitas al servicio a orinar son inevitables. Que circo. Las primeras sesiones te cuesta ir al baño con el carro, los medicamentos y la vía. No sabes como hacerlo. Luego con el tiempo ganas experiencia y ya te desenchufas el gotero de la luz, lo enroscas en la pértiga y de paseo al baño.
Ese primer día estás en la cama, un poco apartado de toda la realidad de la sala de quimioterapia. No ves prácticamente a nadie. Estas tu solo en tu mundo, con tus miedos. Llega el momento de la bolsa roja. Bufff. Que miedo le tenemos a la bolsa de quimioterapia roja. Ya te avisan que durante unas horas vas a orinar rojo. Doxorrubicina. Una mierda. Después de las nueve horas tienes unas horas locas de marcharte a casa. Viene mi mujer a buscarme y decidimos ir andando a casa. Bueno. No ha sido tan malo como pensábamos. Esto está chupado. Nada más lejos de la realidad. Cuando llegas a casa y te pones a comer empiezas con los primeros efectos de la medicación. Todo te sabe metálico. Como si comieses tornillos. Como puede ser. La primera sesión el cuerpo está fuerte y para mi fue la más llevadera. Algo de cansancio y el sabor metálico al comer.
Después de 21 días descansando toca volver a la sala. Analítica previa para comprobar que todo está correcto y al lío.
El segundo ciclo ya va cambiando la cosa. Ya pasas a la sala de butacas de quimioterapia. 7 hora y media de quimioterapia, en una butaca reclinable y se puede decir que cómoda. Una mierda todo. Empiezas a ver gente mayor muy enferma, gente joven muy enferma y otros/as muy jodidos pero contentos. Creo que a partir de esta etapa tan desagradable es cuando he cogido el gusto de sentarme en un banco y observar a la gente. Que injusticia. Tengo grabadas a fuego en mi mente imágenes de gente mayor muy enfermos en esa puta sala de quimioterapia. Que pena. Nadie se imagina, por mucho que lean estas líneas, lo que se ve en esas salas y el sufrimiento que se siente.
Uno de los medicamentos me producía un dolor de cabeza impresionante. Horrible. Llevaba una tablet para entretenerme un poco y era incapaz de encenderla. Unos cascos y escuchar música era lo único que podía hacer. Y dormir. Con tanta medicación te entraba mucho sueño. Alguna visita se fue porque me encontró dormido y se fue.
Terminó el ciclo, para casa. Pero ya no pude ir más veces andando. Te levantas de la butaca y ya no te responden las piernas. Solo tienes ganas de llegar a casa y meterte en la cama. Con mi sabor metálico. Ya empiezan a aparecer más síntomas, desaparecen las ganas de comer, las náuseas, los vómitos y el cansancio extremo. Joder. Que mal se empieza a llevar. Llegar a casa y a la cama. No tengo ganas de nada. Ahora toca descansar.


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